jueves, 28 de enero de 2021

Fin de jueves.

Siguiendo la cronología del cierre de ayer, y como en toda buena historia de suspenso, las cosas no terminaron siendo como parecía.
Cuando todo indicaba que El Malo había sido aniquilado, por la espalda de la protagonista vimos fuera de foco que de la bañera volvía a levantarse lentamente el enemigo: anoche, durante toda la noche, la alarma del VAC no dejó de sonar. Por más que se intentó improvisar parches, tapones y sellados, sonó, sonó y sonó. Papá llegó a acostarse en el piso, al lado de la máquina, para resetearla cada vez que sonaba, para ganar unos segundos de silencio hasta que otra vez recomenzara el pitido. Una locura.
A las 6am decidió poner todo en la cancha y mandó hasta al arquero a cabecear al corner: cubrió todo el sellado de la panza con otra capa de sellado y, finalmente, la alarma dejó de sonar.

Hoy hubo intensas idas y vueltas burocráticas, ya algo más subidas de tono, porque encima de esto, todavía no se habían aprobado los insumos nuevos para el VAC, por lo que por más que viniesen quienes están a cargo, no se habían enviado los elementos de trabajo.
Una vez más, aparentemente hoy se habría destrabado el asunto.
De todas formas, mañana viene a hacer un control el supervisor de la internación domiciliaria, así que el plan es tratar el tema.

En cuanto al día en sí, lo más destacable es que en las comidas notamos un nuevo pequeño progreso, casi casi acercándonos a cantidades “normales”. El gran estímulo es que comer es acelerar el proceso, y eso es lo que más queremos todos.

También quiso lavarse el pelo por sí misma por primera vez en dos meses y medio. Se la vio muy contenta y a gusto una vez terminada la tarea. El valor de las cosas ínfimas cuando, al perderlas, descubrimos que no eran tan ínfimas.

Seguimos avanzando.

Gracias gigantes, siempre, a quienes nos hacen llegar día a día un montón ánimos y apoyo. Nos hacen bien. Nos sostienen. ¡Gracias!