Domingo pasado por agua.
No se entiende cómo es que de repente, en plena recta final de enero, apareció un otoño rioplatense de manual, traccionado por una sudestada que promete días de agua, fresco y gris. Pero así es nomás. De todas maneras, como nosotros estamos metidos en esta cápsula atemporal en la que todos los días son el mismo día, podría ser cualquier mes del año, de cualquier año, y nos resulta exactamente igual. Hace dos meses y medio nos escapamos del almanaque y seguimos empujando fuerte para volver al cronograma terráqueo.
Más allá del contexto otoñal, hoy a la mañana hubo un paréntesis climático que permitió una estadía en el jardín. A propósito de esto: se ve que algunos bríos están queriendo volver, porque a la vuelta de esa jardineada me llegó la llamada de atención de ajustar el riego de un par de plantas en particular. Ojito.
El resto del día tuvimos un VAC funcionando como un violín, bastante lectura y varios recorridos por Italia mirando documentales.
La alimentación nos dio otro balance positivo que nos hace ilusionar.