Cierre de martes.
Hoy tuvimos un pequeño gran sobresalto cuando, por un comentario al pasar de una de las técnicas del VAC, nos enteramos que a ella le figuraba la indicación de que en cuatro días vencía la orden de ese tratamiento y lo iban a retirar. Obviamente, en cuatro días ni soñando va a estar cerrada la herida. Tuvimos varias horas de un intenso thriller burocrático mientras se intentaba resolver el entuerto. Finalmente, llegó la solución: el médico a cargo de la supervisión de la internación domiciliaria logró renovar la orden del VAC. Alivio. Y seguimos.
Por el lado de la evolución diaria, una gran noticia: hoy al mediodía, por primera vez en dos meses, el almuerzo fue un almuerzo “normal”. Gran señal de que las cosas, poco a poco y con gran esfuerzo, van queriendo acomodarse.
Hubo otra visita del kinesiólogo, que ajustó la rutina y la hizo un poco más exigente. El objetivo es conseguir el fortalecimiento necesario para despegar de la cama y volver a caminar.