Cerrando el martes.
El día transcurrió bastante a los saltos, principalmente por el VAC.
Para que se entienda: el VAC se trata más o menos como de envasar al vacío con film la panza, con una bomba que mantiene ese vacío. Cualquier filtración de aire o cambio de presión hace que el sistema dispare una alarma advirtiendo que la cosa no está bien.
Desde ayer a la noche veníamos teniendo alarmas de pérdida de presión: entre el calor y la mayor movilidad, no es raro que el asunto se desacomode.
Justamente, hoy vino la técnica que se encarga de hacer los ajustes del VAC. Hizo lo suyo, dejó todo fantástico, y al rato de irse el sistema volvió a fallar. La técnica volvió. Reajustó, reacomodó, y probó: todo OK. Un par de horas más tarde, otra vez la alarma. Moraleja: no vemos la hora de que esa herida cierre de una buena vez y podamos despedir con honores al VAC y estar un poco más tranquilos.
La evaluación que se hizo hoy es que la herida ya pasó la fase de drenado y está en fase de regenerar tejido. Un poco más cerca. Aunque esas alarmas hacen que se haga eterno.
En cuanto a las actividades, hoy estuvo bastante fuera de la cama: leyendo, viendo algunas series… Hasta ahí llegan los ánimos por el momento. Además, el calorísimo nos mantuvo alejados del jardín.
Mañana toca visita al cirujano de la segunda cirugía. Será una mezcla de excursión con aventura. Con el bendito VAC a cuestas, por supuesto. Veremos qué historias nos esperan.