Fin de martes.
Día de jardinería a todo motor. Sacando yuyos de macetas, podando, removiendo tierra y reacomodando. Como en los viejos tiempos.
A la noche, EL momento de la temporada: tras una buena tanda de empanadas por cabeza, cuando fui a levantar los platos me miró con ceja levantada: “¿Qué? ¿No hay más?”. Con papá nos miramos helados. Había más, claro. Y así fue como, por primera vez en más de cuatro meses y después de los kilómetros escritos sobre la falta de alimentación, ella comió más que nosotros. Momento inconcebible hasta hoy.
¿Ha nacido una piraña?