Acabose otro viernes.
Finalmente, logramos la vacunación. Madrugón que valió la pena. Seguimos tachando casilleros.
Todavía no empezó a hablar ruso, y para las danzas cosacas todavía falta un poco de fuerza de piernas, pero subió y bajó varias escaleras y rampas yendo y viniendo durante el trámite, así que también valió como entrenamiento.
Por la tarde hubo bastante jardinería, lectura y series.
Pero esto, una vez más, no queda acá, porque para mañana ya está confirmadísimo el guiso de osobuco. Siguen los éxitos. Los clínicos. Y los gastronómicos.