Y se fue un jueves.
Se hizo largo el ayuno esperando la toma de muestras para análisis: las 12 horas terminaron siendo más de 14, y esas dos de yapa fueron cuesta arriba. Pero se superó la prueba, y sin los sustos de la vez anterior.
La temperatura sigue haciendo cosas raras. Sube y baja sin ninguna lógica a lo largo del día. Si bien no son valores “preocupantes”, teniendo como antecedente todo lo que pasó en estos tres meses y el proceso subyacente, el semáforo no se nos mueve de amarillo.
El buen clima (al fin!) permitió volver al jardín y pasar unas horas leyendo ahí. Después, un poco de ir y venir para mover el cuerpo, visita de enfermera y las series de rigor.
El ánimo estuvo razonablemente bien. Igual la alimentación.
La voz sigue tomando color; es el progreso más claro de estos días.
Mañana toca ajuste semanal del VAC, que después de varias semanas con el carácter atacado, esta tuvo una performance impecable. Si los pronósticos se cumplen, no estaría faltando demasiado para superar esa etapa de la cicatrización.