Viernes de sorpresas terminado.
La temperatura siguió con sus oscilaciones, pero cada vez más abajo.
A nadie le va a molestar que vuelva silbando bajito a su lugar, pero la causa de la subida de estos días sigue siendo un enigma. Los resultados de los análisis van a estar la semana que viene.
Hizo una visita el médico encargado de la internación domiciliaria y la encontró bien.
También se hizo el reajuste semanal del VAC. La evaluación es que la cicatrización progresa muy bien.
Buen clima mediante, hoy hubo doble turno en el jardín: mañana y tardecita de lectura y charlas. La alimentación y el ánimo estuvieron muy bien y la voz sigue volviendo.
La grandísima sorpresa del día la tuvimos después del almuerzo.
Volviendo a la cama a descansar, se había sentado al borde del colchón. En ese momento notamos que había que hacer un ajuste de las sábanas, y fue ahí que, como si NADA, se paró sola para dejar lugar al arreglo. Con papá nos quedamos helados: nunca hasta ahora había podido levantarse ni sentarse sin ayuda (mucha) externa. Y así, de la nada, se acababa de parar.
Cuando nos vio descolocados, mirándola como quien se encuentra a un extraterrestre en el baño, muy suelta de cuerpo nos dijo “¿qué pasa?”. “¡Te acabás de parar!”. “Ah, ¡y claro!”, canchereó. ¡Y se sentó y VOLVIÓ a parar! Como para que no quedaran dudas.
Sensacional momento. Todos los que vienen siguiendo el día a día de esto saben muy bien cuánto significa esto. Es inmenso.
Los sillones y sillas todavía son complicados por la altura, pero este paso fue contundentísimo.
Más tarde, a la noche, duplicó la apuesta: caminó unos pasos por las suyas, sin ayuda. Como que le agarró el gustito.
En cualquier momento se raja al boliche.