Cerrando el lunes, novedades.
La noche de anoche fue buena, pero arrancó el día con fiebre. A esta altura, la fiebre es lo que más nos pone los nervios de punta, porque es el indicador más directo de cómo va el partido.
Desde temprano a la mañana, y en total TRES veces en el día, le hicieron unas limpiezas profundas de las heridas. Y cuando decimos profundas, es PROFUNDAS. Estilo carnicería. Se está poniendo muchísima atención a eso porque es donde se cree que se está peleando el foco infeccioso (por lo que nos explicaron, las heridas “sucias” de la zona abdominal son un carnaval de bacterias muy peliagudas).
Por la tarde, la fiebre bajó de nuevo. La presión se mantiene bien, y la saturación sigue siendo más sólida.
Por la tarde también le hicieron otra tomografía. Se buscó con esta hacer un análisis comparado contra la del viernes a la noche y ver cambios. El comentario a priori que tenemos es que se ve positivo. Esperamos mañana tener información más desarrollada.
Anímicamente, oscila. Por momentos está bien, con buen espíritu y con empuje. Por momentos, le gana el hastío, los malestares y el desgaste físico de las ya dos semanas y el estar hasta las orejas de medicación, y se pincha. Pero sigue empujando. Masculla alguna puteada y sigue empujando.
Como muestra, vale un botón:
Hoy, después de la tomografía, para la que tuvo que hacer varias horas de ayuno hasta de agua, y por lo que había pospuesto la toma de uno de los remedios, volvió cansada y con ganas de dormir. A los pocos minutos de dormida yo me enteré que tenía pendiente esa pastilla. Entonces la desperté para que la tomara. Trató de zafar porque estaba frita, pero le dije “dale, es esto y nada más”. Bueno, la tomó, y cuando me devuelve el vaso me dice “y a ver si ahora me dejan de joder un poquito”, se rio, y se durmió.